Buenos Aires, 14 de Noviembre de 2002 Señor Presidente del Instituto Nacional Belgraniano, Profesor Don Aníbal Luzuriaga. S. / D. De nuestra mayor consideración y estima: Tenemos el agrado de dirigirnos al Sr. Presidente, a fin de remitirle el estudio que nos fuera encomendado sobre los colores originales de la bandera nacional. En tal sentido, esta Comisión, ha tenido en cuenta un cúmulo de documentos coetáneos, hasta hoy no dubitados, y los estudios realizados individualmente por sus integrantes. De cuyas resultas, las conclusiones a que se arriba, han sido adoptadas por unanimidad de los suscriptos. Si bien es cierto que ya existían al respecto anteriores dictámenes de otros organismos oficiales –como por ejemplo de las Academias Nacionales de la Historia y de Bellas Artes-, hemos realizado un estudio independiente, sin atarnos a conclusiones ajenas -aún cuando finalmente concordemos con ellas-, basadas en propias estimaciones y documentando en cumplida forma algunas proposiciones que eran susceptibles de más fehaciente comprobación. Saludamos a Vd. con nuestra más alta y distinguida consideración.- Guillermo Palombo Hernán Luna Víctor E. Rodríguez Rossi |
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DICTAMEN SOBRE LOS COLORES DE LA BANDERA NACIONAL |
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El explicable interés por todo lo relacionado con los símbolos nacionales justifica las presentes reflexiones, que han de contribuir, así lo esperamos, al esclarecimiento de algunos puntos dudosos o mal interpretados, cuando se trata del origen y fijación de los colores de nuestra bandera nacional.- La elección de color, hoy, debe necesariamente conciliarse con el concepto del azulceleste tal como se lo entendió en su tiempo. De otro modo, si se ignoraran los antecedentes históricos debidamente documentados, se incurriría en una arbitrariedad injustificada que no sólo rozaría la intangibilidad del más importante de nuestros símbolos nacionales, sino que, provocaría inseguridad y descreimiento, pues nadie tendría certeza sobre la seriedad que lo que se sancione con fuerza de ley de la Nación.- |
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Belgrano solicitó el 26 de febrero que, sancionada la escarapela nacional, se designasen las banderas acordes con ella para distinguirlas de las del enemigo (Oficio del coronel Manuel Belgrano al Gobierno, Rosario, 26-02-1812, en ibidem, Documento 36, p. 66). Necesitando contar con una para enarbolarla, y no teniéndola, para el 27 había mandado hacerla “blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional” (Oficio del coronel Manuel Belgrano al Gobierno, Rosario, 27-02-1812, en ibidem, Documento 37, p. 67).- Al resumirse el contenido de su comunicación para el despacho, se consignó que aquél había informado ser “ blanca y celeste conforme a la escarapela nacional”, pero, a continuación, de letra de Rivadavia, se ordena comunicarle que haga pasar por un rasgo de entusiasmo “la bandera blanca y azul” ( Minuta, en ibidem, Documento 39, p. 69), si bien en el borrador de la respuesta, del 3 de marzo, que pasada en limpio comunicaría aquella providencia, la bandera es mencionada “blanca y celeste”. (Borrador de oficio del Gobierno al coronel Manuel Belgrano, Buenos Aires, 03-03-1812, en ibidem, Documento 40, p. 70).- Ya en Jujuy, Belgrano, ignorante de la reprobación, informa al gobierno que el 25 de mayo sacó a paseo la bandera nacional ( Oficio del General Manuel Belgrano al Gobierno, Jujuy, 29-05-1812, en ibidem, Documento 47, p. 78-79).- El resumen de su nota y contestación del Ejecutivo, del 27 de junio, dice con letra de Rivadavia: “ Vaya el oficio que se pasó al general Belgrano cuando comandando el Rosario enarboló Bandera azul y blanca” ( Minuta, en ibidem, Documento 49, p. 83). Pero en la copia del oficio librado con esa fecha, se reproduce textual el anterior de 3 de marzo que alude a “la bandera blanca y celeste” ( Copia del oficio del Gobierno al General Manuel Belgrano, Buenos Aires, 27-VI-1812, en ibidem, Documento 51, p. 85-86).- Al explicar su conducta, Belgrano expresa : “Juzgué que sería blanca y celeste la que nos distinguiese como la escarapela” ( Oficio del General Manuel Belgrano al Gobierno, Jujuy, 18-07-1812, en ibidem, Documento 52, p. 87-88).- Y consta en una tira de papel suelto existente en la carpeta, de fecha agosto 10: ”El oficio del Sr. Belgrano sobre haber enarbolado la bandera blanca y celeste en la Batería Libertad y la contestación del gobierno está en poder del Señor Luca” (Nota, en ibidem, Documento 53, p. 89).-
En El Redactor cuando se comenta la sesión del 4 de marzo de 1813, exaltándose el triunfo de Salta, se felicita a la Asamblea: “En obedecimiento a este soberano decreto se presentó al gobierno con las demás autoridades en la sala de sesiones y dirigiéndose aquel a la representación soberana de los pueblos, protestó con el más digno encarecimiento la sinceridad con que felicitaba a la asamblea al ver exaltado el pabellón de la patria en el primer período de su feliz instalación” (Sesión del jueves 4 de marzo de 1813, en El Redactor, n. 2, 06-03-1813, p. 7.). Y cuando el mismo órgano oficial resume la noticia de la presentación de las banderas españolas tomadas en Salta, estampa en una proclama dirigida a los hombres y a los pueblos libres de América: “¡Pueblo Americano! Hoy han visto al fin vuestros representantes postrado el simulacro delante del cual ha gemido tantas veces la libertad de la Patria ¡Hoy han flotado con ignominia a los pies de nuestro pabellón las últimas banderas que enarbola el despotismo en los días de sangre y ferocidad” (Comentario a la sesión del 14 de marzo de 1813, en El Redactor, n. 4, 20-03-1813, p. 14 ). Agrelo, por su parte, refiere en páginas autobiográficas: “Se mandó quitar de todas partes la bandera española y se sustituyó, de hecho, el nuevo escudo y bandera azulceleste y blanco, que se sancionara después de derecho para la República cuando se declaró la independencia” (Pedro José Agrelo: Fragmento de autobiografía, en Museo Histórico Nacional: Memorias y autobiografías, t. II, p. 253). Descarta esto que “Probablemente también se sancionó la bandera, pero el acta no ha llegado a nuestros días” (Humberto F. Burzio: Banderas de la Patria. Conferencia pronunciada el día 8 de julio de 1965 por el Director del Museo Histórico Nacional Capitán de Navío Cont. (R) Señor..., Buenos Aires, 1965, p. [5]) pues la afirmación de Agrelo es terminante en cuanto a una sustitución de hecho y no de derecho. Quizás por ello se ha conjeturado, con más razón, que “ Se adoptó una nueva bandera por el gobierno, no por la Asamblea, pues en El Redactor no figura ley o resolución alguna al respecto” (Carlos M. Urien: Soberana Asamblea General Constituyente. Buenos Aires, 1913, p. 218). Y no empece a ello que en una disposición de la provincia de Entre Ríos de 1822, encontrándose allí Agrelo, se aluda al pabellón nacional designado por la Asamblea (“Declarando que el pabellón nacional designado por la Asamblea General del año XIII, será el que debe usarse en todas las plazas fuertes y establecimientos provinciales y designando además el sello provincial”, Paraná 12-03-1822, en Recopilación de leyes, decretos y acuerdos de la provincia de Entre Ríos desde 1821 a 1873, t. I. Uruguay, 1875, p. 169-172).
Ambas enseñas fueron vistas en 1942 por los historiadores Rómulo Zabala y Nicanor Rodríguez del Busto. El primero de ellos refiere que eran “de tres franjas, blanca la del centro y celestes la de los extremos, a lo largo” (Rómulo Zabala: La bandera vieja del Ejército, en La Nación, n. 26.316. Buenos Aires, 24-09-1944, secc. 2ª, p. [1], c. 1-6.). Coincide su descripción con una, a la que Rodríguez del Busto describe: “Es de tafetán muy delgado, los colores celeste y blanco está ya bastante borrados, presentando un tono amarillento, leyéndose la siguiente inscripción: “A la Escuela de San Francisco – 1814 – Donó don Bernabé Aráoz. Gobernador” (N [icanor] Rodríguez del Busto: Las primeras banderas patrias en Tucumán, en La Nación, n. 26.602. Buenos Aires, 08-07-1945, 2ª secc., p. 3.). En acta suscripta por el Padre Guardián fray Joaquín Masián, fray Gabino Piedrabuena, fray Pedro José Acosta y el síndico Bernabé Aráoz, el 7 de septiembre de 1813 se menciona que “ En la escuela se ha puesto una bandera de tafetán celeste y blanco con sus borlas de lo mismo y dos cintas de más de cuatro dedos de ancho, una blanca y otra celeste que penden de la lanza, ésta es de lata con su asta de dos varas y tres cuartas, que la costeó el gobierno para los pasos de los jueves por la plaza y otras actividades que se hagan por orden del Gobierno” (Archivo del Convento de San Francisco: Libro de ingreso desde 1780 a 1843, f. 143 vta; Luis Cano: La primera bandera Argentina de Tucumán, en Revista de la Junta de Estudios Históricos de Tucumán, n. 3. San Miguel de Tucumán, 1970, p. 153-154; Guillermo Palombo – Valentín A. ESPINOSA, op. cit. Documento 90, p. 133).
Por decreto del Congreso de Tucumán de 20 de julio de 1816, al uniformar las banderas del nuevo Estado, se estableció que para las Provincias Unidas: “Será su peculiar distintivo la bandera celeste y blanca, de que se ha usado hasta el presente y se usará en lo sucesivo exclusivamente en los Ejércitos, Buques y Fortalezas en calidad de bandera menor ínterin decretada al términos de las presentes deliberaciones la forma de gobierno más conveniente, se fijen conforme a ella los jeroglíficos de la Bandera nacional mayor” (Oficio de Francisco Laprida, Presidente del Congreso General en Tucumán, al Supremo Director del Estado, Tucumán, 24-07-1816, en ibidem, Documento 118, p. 169). Pero en el borrador de la circular promulgatoria del decreto del Congreso, de fecha 16 de agosto, en la parte que debía transcribirse la resolución se indica: “sobre que continúe la bandera azul y blanca” (Circulares promulgatorias, Buenos Aires, 16-08-1816, en ibidem, Documento 121, p. 172),advirtiéndose que en el borrador de la respuesta del Poder Ejecutivo al oficio del Congreso de 24-07-1816, se decía originariamente “bandera azulceleste y blanca”, testándose “azul”, Y lo mismo ocurrió en la carátula de la carpeta o legajillo.
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¿Cuál es, teniendo presente los antecedentes expuestos, la exacta definición de los colores de la bandera nacional? 1) A la luz de los antecedentes expuestos, el color de la bandera parece revestir los más contradictorios caracteres. Si suscita dudas la circunstancia de que Belgrano en sus comunicaciones se refiera siempre a la bandera “blanca y celeste”, y no a la blanca y azul celeste, provoca algún mayor desconcierto que Rivadavia la nombre “azul y blanca”. Pero la diferencia, a nuestro, juicio no parece albergar ningún significado contradictorio, pues su análisis permite mostrar cómo ella se esfuma a poco que se la examine.- Belgrano, debidamente notificado que la escarapela era azulceleste, referirá algo después que “había en el ejército de la Patria cuerpos que llevaban la escarapela celeste y blanca”, y recuerda que al no tener bandera “juzgué que sería blanca y celeste la que nos distinguiese como la escarapela” (Oficio del General Manuel Belgrano al Gobierno, Jujuy, 18-07-1812, en Guillermo Palombo – Valentín A. Espinosa: op, cit. Documento 52, p. 87-88.),lo que aclara el punto.- Celeste era, para Belgrano como para la Real Academia Española, el azulceleste y para otros, como Rivadavia, simplemente azul. De allí que los documentos se refieran a una misma bandera como “blanca y celeste”, “celeste y blanco”, “blanca y azul”, “azul y blanca” o “azul celeste y blanco”. 2) En punto a la materialidad del color, el azulceleste es uno de esos conceptos tan fáciles de comprender en su esencia –y que tiene aún en el lenguaje vulgar, un sentido bien preciso- como difíciles de delinear en sus contornos precisos. En aquella época, nos avisa la 1ª edición del Diccionario de la Real Academia Española (llamado Diccionario de Autoridades, y publicado a partir de 1726), la voz azulceleste estaba reservada para “El que tiene la mixtura en proporción, y es muy lustroso, pero con poca oscuridad: y se llama así; porque parece al de los cielos, según dice Fuentes en su Philosophia fol. 52 y 53. Lat. Caeruleus, vel Cyaneus color” (Real Academia Española: Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua dedicado al Rey Nuestro Señor Don Phelipe V, (Que Dios guarde) a cuyas reales expensas se hace esta obra, t. I, Madrid, 1726, verba AZUL CELESTE, p. 523, c. 2. En Real Academia Española: Diccionario de Autoridades. Edición facsímil, t. A-C, Madrid, Gredos, 1990). De modo que el color es el azul y el celeste el matiz. 3) Frente a otros matices con los que tiene puntos de contacto y diferencias, por ser su tonalidad más suave o más intensa, sus características propias o peculiares son el ser una mixtura en proporción, algo más fuerte que el azulclaro que declina a blanco, brillante, cerúleo– y por lo mismo parecido al del cielo despejado de nubes- aunque menos oscuro que el turquí, azul perfecto al que siguen en intensidad el azulobscuro, que tira a morado, y el subido que lo excede.- 4) La aparentemente arbitraria definición del color adoptado era entre celeste y azul claro, más claro que el que se llama hoy azuleléctrico y semejante al azulmilitar ( bleu roi) muy vivo, que puede verse con auténtica fijeza e identidad en algunos uniformes navales y escarapelas de la época de la Guerra de la Independencia. Por caso las que se observan en los sombreros de los retratos que se exhiben en el Museo Histórico Nacional del coronel Francisco Antonio Ortiz de Ocampo (pintado por autor anónimo en Chuquisaca, 1812) del coronel Manuel Medina y el de San Martín (ambos por José Gil de Castro en 1817 y 1819) y en el de Guillermo Miller (por Sharpe en 1827). Los tres últimos posteriores al decreto del 20 de julio de 1816, llevan escarapela de tres campos, pero sin variación del color.- 5) Los hombres públicos de aquél tiempo empleaban en forma indistinta,- en el lenguaje oficial-, las voces celeste y azul como sinónimos de azulceleste. Si bien esta última denominación era la más precisa. Por ello fue la empleada en el decreto de creación de la escarapela; por Rademaker en 1812; por Vigoded en 1813, y por Belgrano y Rivadavia en 1815 al señalar el pabellón en su proyecto monárquico.- 6) El texto, terminantemente explícito, del decreto de 1816, revela que continuaba el uso indistinto de los vocablos, sin que ello mereciera una atención especial. Y es de suponer un apreciable margen de discrecionalidad en punto a los materiales que se usaban. De lo que dan cumplida cuenta documentos conocidos. Por ejemplo, con anterioridad, en abril de 1815 se utilizó duray celeste para la bandera del Fuerte de Buenos Aires, pero, en septiembre, cuando hubo que reemplazarla por otra debido a su desgaste. se empleó sarga azul (Oficio de Marcos Balcarce al Comisario General de Guerra, Victorino de la Fuente, Buenos Aires, 05-09-1815, en Guillermo Palombo – Valentín A. Espinosa: Documentos, etc. cit., Documento 110, p. 159; Recibo otorgado por Miguel Antonio Courrenes a favor del Comisario General de Guerra, Buenos Aires, 15-09-1815, en ibidem, Documento 112, p. 162). 7) Con la ley de 1818 se renueva el problema, porque ha llegado a sostenerse que dicha ley “subsana un error, al prescribir el color fundamental, el azul, eliminando una gradación que no es verdadera ni científica, el celeste” (Agustín de Vedia: La Bandera y el Escudo en el Primer Centenario de la Revolución Argentina. Buenos Aires, 1911, p. 71-72). 8) ¿Cómo se concilian estas disposiciones aparentemente contradictorias? 9) La bandera de dos colores “hasta hora acostumbrados” a que se refiere la ley de 1818, era la misma “usada hasta el presente” de que habla el decreto de 1816; es decir aquella blanca y azul celeste – para definirla con propiedad- creada por Belgrano, que sin sanción oficial alguna estaba vigente de hecho desde 1812. De no haber sido así se hubieran empleado las palabras indicativas de alguno de los otros matices de azul en uso por aquel entonces, como azul turquí o azul obscuro (tal como lo hará Rosas en 1835 y 1836) para diferenciarla del azul celeste, llamado unas veces celeste y otras azul.- 10) Con posterioridad a 1818 no se advierte que haya existido cambio alguno, al menos por disposición oficial conocida, en el color de la bandera nacional. La definición de sus colores– celeste y blanco- es exactamente la misma en las instrucciones dadas a los corsarios en 1815 y 1817, anteriores y posteriores al decreto de 1816, con la sola diferencia del sol incorporado en 1818, como en las de la época de la guerra con el Brasil.- 11) El valor de la disposición oficial del poder administrador que ejecuta la ley vigente en 1826, relativiza, por otra parte, el valor que pueda asignársele al matiz azul subido de una bandera obsequiada a Brown por las damas porteñas, conocida como la Bandera de los Pozos, pues su validez como enseña oficial dependía de la observancia de una forma solemne establecida en la ley, y por otra parte, de ella, en el Museo Histórico Nacional, sólo se conserva original la parte central, aunque es posible que, de hecho, se usara una tela de tonalidad más fuerte que la celeste- 12) Algo similar en cuanto al color (celeste, azul celeste, azul) ha sucedido con la bandera uruguaya. A semejanza de la bandera argentina, de tres franjas horizontales, pero “celeste, blanca y punzó” fue la determinada el 28 de agosto de 1825 para la Provincia Oriental por la Sala de Representantes reunido en La Florida. Esta bandera se usó hasta comienzos de 1826, en que el pabellón y el escudo de las Provincias Unidas fueron reconocidos en la Provincia Oriental reincorporada. Independizada la provincia, el 15 de diciembre de 1828 la Asamblea General Constituyente, dispuso por ley que “El Pabellón del Estado será blanco con nueve listas de color azul celeste horizontales y alternadas, dejando en el ángulo superior del lado del asta un cuadro blanco en el cual se colocará un Sol”. 13) El 11 de julio de 1830 la Asamblea Constituyente dispuso por ley “El Pabellón nacional constará de cuatro listas azules horizontales en campo blanco, distribuidas con igualdad en su extensión, quedando en lo demás conforme a lo que se establece en el decreto de 16 de Diciembre de 1828” (J. M. Fernández Saldaña: Pabellón nacional y banderas de comercio del Uruguay, Un error secular rectificado, en La Prensa, Buenos Aires, 10 –VII- 1938, 2ª sección). 14) Rosas, dado que el celeste era la divisa adoptada por el partido unitario, consideró arbitrariamente, pero por bien explicables motivos políticos. que aquellos colores eran el producto de una falsa interpretación. 15) Por todo ello no cabe sino concluir que desde 1816 hasta la época de Rosas la bandera nacional fue, ininterrumpidamente, blanca y celeste, como la creada por Belgrano en 1812, que tomó su color de la escápela nacional azul celeste conforme lo preceptuara el Triunvirato al crearla oficialmente.- Buenos Aires, Noviembre de 2002.- La presidencia del Instituto Nacional Belgraniano, a fin de aclarar en forma definitiva y públicamente la posición de este cuerpo académico, respecto a los colores originales de nuestra Bandera Nacional, tal como la hiciera confeccionar su creador, el General D. Manuel Belgrano, constituyó para tal fin y entre sus Miembros de Número, una comisión de especialistas en Símbolos Patrios, presidida por el Dr. Guillermo Palombo. Dicha comisión emitió el Dictamen precedente que fue aprobado por unanimidad el 25 de noviembre de 2002. Acta Nº 481 del Instituto Nacional Belgraniano.
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