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- En los prolegómenos de conmemorarse el bicentenario de
La Revolución de Mayo del año de 1810, el hecho cumbre de nuestra
historia que compendia las ansias de libertad de muchas generaciones y
funde en su crisol la realidad política, económica y social que le
circunda, el Instituto Nacional Belgraniano se congratula en ofrecer una
sucinta pero ajustada perspectiva histórica de aquella gesta de la que
fue arquetipo y hacedor el General
Don Manuel Belgrano.
- Desde el comienzo mismo del proceso
revolucionario rioplatense se procuró evocar perdurablemente los hechos
de Mayo. De forma tal que, para mediados de 1811, cuando recién había
pasado un año de la instalación de la Junta Gubernativa, el Cabildo
dispuso que se erigiera en la Plaza de la Victoria una Pirámide
conmemorativa de tales sucesos. Dos años más tarde, mediante una ley
(sancionada con fecha del 5 de mayo de 1813), la Soberana Asamblea General
Constituyente declaró al 25 de Mayo día de fiesta cívica. Se ordenaba
celebrar las denominadas Fiestas Mayas en el territorio de las Provincias Unidas, en virtud
de ser un deber de los hombres libres inmortalizar y recordar al pueblo
venidero el día del nacimiento de la patria.
- Es
sabido como, con esa misma inmediatez, se asocian indiscutiblemente la
gesta de Mayo de 1810 y la figura egregia de Manuel
Belgrano. Domingo Faustino Sarmiento escribió sobre él: “Sus virtudes
fueron la resignación y la esperanza, la honradez del propósito y
el trabajo desinteresado. Su nombre se liga a las más grandes fases de
nuestra independencia, y por más de un camino si queremos volver hacia el
pasado, la figura de Belgrano ha de salirnos al paso”[i].Vale decir, con Mitre, respecto a San Martín y
Belgrano: “nadie ignora que son los verdaderos Padres de la Patria”;
el primero, como brazo armado de la Revolución y el segundo, como brazo
armado también e ideólogo y precursor de Mayo.
- ‘[ii]La
gran labor de estadista que Belgrano realiza desde su oficina como
Secretario del Consulado; su excelencia en la administración pública y
su plan en consonancia, dejan traslucir sus intenciones de propiciar un
cambio estructural para las provincias del Río de la Plata. Dedicado,
ya en su tarea consular, al conocimiento de la realidad americana y
consciente de la necesidad del conocimiento mutuo de las distintas
regiones que integran el Virreinato para facilitar su fuerte integración,
contribuye, con sus notas, desde el Telégrafo Mercantil primero y
desde el Correo de Comercio a partir de 1810[iii], a la comprensión del
todo aunque la unión efectiva del territorio esté más en sus deseos
que en los hechos. Cuando quiere mencionar a las partes integrantes del
Virreinato emplea la expresión: “provincias argentinas”, reconociendo
la unidad del Virreinato pese a la diversidad que lo conforma, y a la
ausencia de cohesión interna.
- “Mientras
que para la Corona el conocimiento del Imperio y sus potencialidades fue
puesto al servicio de la sumisión y
del reforzamiento del pacto colonial, para los americanos significaba
un entusiasmo cada vez mayor por la
autonomía y el reconocimiento de las posibilidades diferenciadas de cada
región y cada país del continente. Este es el conflicto básico que
revela la trayectoria cultural e ideológica de una institución
prerrevolucionaria como el Consulado […] Todos estos intentos de
reunir, sistematizar y difundir conocimientos útiles al desarrollo autóctono,
en definitiva, chocaban fuertemente con la política colonial
metropolitana. Las críticas de Belgrano se fueron haciendo cada
vez más tajantes y objetivas […], fue intuyendo algunos de los
problemas clave del desarrollo económico argentino y generó la
radicalización ideológica que sumaría voluntades a la hora el golpe de
gracia al sistema colonial”[iv].
- Sin embargo dicha acción
pionera y responsable no nos presenta todavía con plenitud a Belgrano en
su auténtica dimensión revolucionaria. En sus escritos y proclamas
aparece la palabra ‘revolución’ pero no se jacta de ella. La ejecuta,
callada y firmemente, como corresponde a su talla moral y a su cabal
vocación ciudadana. A poco irá convirtiéndose en el mediador y
movilizador del proceso revolucionario, que en su estallido lo encontró
a él:
- “habiendo salido por
algunos días al campo, en el mes de mayo”[v].
- Es
entonces cuando, dice:
-
“me mandaron
llamar mis amigos a Buenos Aires, diciéndome que era llegado el caso de trabajar por la patria para adquirir la libertad e independencia deseada;
volé a presentarme y hacer cuanto estuviera a mis alcances: había
llegado la noticia de la entrada de los franceses en Andalucía y la
disolución de la Junta Central;éste era el caso que se había ofrecido
a cooperar a nuestras
miras el comandante Saavedra. Muchas y vivas fueron entonces nuestras diligencias para
reunir los ánimos y
proceder a quitar a las autoridades, que no sólo habían
caducado con los sucesos de Bayona, sino que ahora caducaban, puesto que aún
nuestro reconocimiento a la Junta Central cesaba con su disolución, reconocimiento el
más inicuo y que había empezado con la venida del
malvado Goyeneche,
enviado por la indecente y ridícula Junta de Sevilla.
No es mucho, pues, no hubiese un español que no creyese ser señor de América,
y los americanos los miraban entonces con poco menos estupor que los
indios en los principios de sus horrorosas carnicerías, tituladas
conquistas”[vi].Para
comprender el contexto en el que se ve inmerso Belgrano vale reseñar los
sucesos de entonces:
- A
posteriori de la derrota del ejército español en las Navas de Tolosa el
20 de enero de 1810, Andalucía cayó en manos de Napoleón, y su hermano
José ingresó en Sevilla el 1º de febrero de 1810. La casa real por
completo se hallaba prisionera en Francia. Con la salvedad de Cádiz y la
isla de León, defendidas por el duque de Albuquerque con apoyo británico,
todo el territorio español quedaba bajo dominio francés. La Junta
Suprema se autodisolvió, presionada por el general Wellesley y el
embajador británico Frere, aunque en arreglo con la Junta de Cádiz
instauró el Consejo de Regencia, que inútilmente pretendió gobernar
España y sus colonias en nombre del rey Fernando VII.
- El
13 de mayo de 1810 las noticias de la caída de Andalucía llegaron a
Buenos Aires a bordo de la “Mistletoe”, y
a Montevideo a bordo de embarcaciones británicas:
los franceses ocupaban Andalucía y se había disuelto la junta de
Sevilla, el cuerpo de gobierno que había nombrado al virrey, y último
bastión de la resistencia española contra Francia.
Cisneros expresó públicamente su pesimismo sobre el porvenir de España
y su decisión de luchar por la independencia de América, solicitando unión
y calma a la población. Aunque nos pese Napoleón Bonaparte provocó la
fractura y el cambio, ya que sembró el terreno para que en el Río de la
Plata la Revolución de Mayo definiera los destinos de los pueblos.
Los distintos grupos políticos intensificaron las reuniones secretas; los
patriotas se reunían en lo de Vieytes y en lo de Nicolás Rodríguez Peña,
según dice el propio Cornelio Saavedra, casa en la que había “una gran
reunión de americanos que clamaba por que se removiese del mando al
virrey, y se crease un nuevo gobierno americano”[vii]. La acción
revolucionaria era inminente: la resistencia española acabaría de un
momento a otro, en poco tiempo España estaría plenamente dominada por
Napoleón y América pasaría a ser colonia francesa. La coyuntura crítica
parecía exigir separarse de la anarquía española, deponer a Cisneros y
formar un gobierno propio.
- Ante
la noticia de la disolución de la Junta Suprema, que en teoría había
intentado representar hasta allí la soberanía española, el 20 de mayo
el Cabildo, los jefes militares y los vecinos principales decidieron tomar
medidas para la defensa contra Francia. Surgió
pues la idea de un Cabildo Abierto, a la manera de un Congreso General de
vecindario, que votara la deposición de Cisneros y el plan a seguir.
- Saavedra
y Belgrano, representando a los militares y a los intelectuales patriotas,
fueron al Cabildo y expusieron sus pedidos a los alcaldes Leiva y Juan José
Lezica. Cisneros se negó a aceptar el Cabildo Abierto. Propuso en cambio
convocar a todas las provincias del Virreinato pues confiaba casi
ciegamente que el interior, más conservador y en eterna rivalidad con
Buenos Aires, lo sostendría a él contra los porteños. La urgencia
dictaba controlar la incipiente revuelta popular. Reunió a los jefes
militares a fin de resolver
esta crisis que desafiaba su autoridad como virrey; obvio decir que
Cisneros necesitaba apoyarse en la fuerza militar. A las ocho de la noche
del mismo día 20 convocó a los comandantes de la ciudad, que se negaron
a brindarle soporte alguno. El comandante Saavedra le respondió que,
frente a la situación española, estas provincias reasumirían sus
derechos de autogobierno, y que el virrey carecía ahora de autoridad:
“¿Los derechos de la Corona de Castilla a que se incorporaron las Américas,
han recaído acaso en Cádiz y la isla de León, que son parte de Andalucía?
No, señor: no queremos seguir la suerte de España, ni ser dominados por
los franceses. Hemos resuelto reasumir nuestros derechos, y conservarnos
por nosotros mismos. El que a V.E. dio autoridad para mandarnos ya no
existe, de consiguiente tampoco V.E. la tiene ya; así pues, no cuente con
las fuerzas de mi mando para sostenerse en ella”[viii].
Al no poder contar con respaldo militar, Cisneros se dio por vencido,
resignándose a aceptar la atribución de elegir la forma de gobierno que
los vecinos exigían para sí. Confiaba, sin embargo, en que el Cabildo
buscaría mantener al virrey en la jefatura del gobierno, con el apoyo de
algunos patriotas que pensaban factible alcanzar la independencia con su
figura. Mientras tanto, los militares patriotas resolvieron el
acuartelamiento de los batallones porteños, listos para salir a la calle.
- Al
día siguiente, una multitud cubrió la plaza
mayor al grito de "Abajo el Virrey", conducida
por French y Beruti reclamó Cabildo Abierto, exigiendo la representación
del pueblo en las decisiones. A su vez repartían
unas cintas blancas que la gente ataba a los sombreros para identificarse.
- Desde
allí en adelante, en todos los documentos aparecería el
"pueblo" apoyando la revolución. El Cabildo[ix]
solicitó a Cisneros permiso para convocar al pueblo a un "congreso público"[x], y éste dio autorización
para un Cabildo Abierto limitado a los vecinos principales, creyéndolo el
procedimiento más cierto de asegurar el orden. Era el último recurso del
virrey para conservar su autoridad, teniendo fe en el apoyo de los vecinos
peninsulares. A estas alturas todos, incluido el virrey, coincidían en el
principio de que la soberanía residía en el pueblo y que debía
aceptarse el deseo de la mayoría. Saavedra sería el responsable del
orden público.
- Según
Belgrano, la instalación del gobierno independiente americano se hizo
dentro de los cauces institucionales consagrados por el Derecho Indiano,
pues para convocar el cabildo abierto no se actuó por sorpresa, ni con
violencia, ni siquiera empleando métodos subrepticios, sino con previa
autorización del Virrey, y con intervención directa del Cabildo de
Buenos Aires a través de su presidente (Lezica), y del síndico
procurador general (Leiva).
- Se
hicieron 450 invitaciones para los vecinos más destacados, convocándolos
a Cabildo Abierto, o congreso general, para el día siguiente
martes 22 de
mayo de 1810. El
22 se reunieron más de doscientos ciudadanos en el Cabildo[xi].
El regimiento Patricios controlaba las
participaciones al Cabildo Abierto que mostraban los vecinos. French y
Beruti estaban con un centenar de jóvenes del comercio, todos armados; a
quienes les decían "La Legión Infernal"[xii].
- La consigna a discutir
y votar era resumidamente “Si Cisneros, debía cesar o continuar en
el mando de estas provincias en las circunstancias de hallarse solamente
libre del yugo francés, Cádiz y la isla de León, y si se debía erigir
una Junta de Gobierno que reasumiera el mando supremo de ellas”.
- El obispo de Buenos
Aires, Benito Lué, expresó la tesis del bando peninsular de que no debía
producirse cambio alguno, pues mientras existieran autoridades españolas,
cualesquiera que fueran ellas, éstas debían gobernar las colonias
americanas. Dicha tesis fue rebatida por el abogado criollo Juan J.
Castelli, quien se basó en el hecho jurídico de que América no dependía
de España sino del monarca. Belgrano,
como su primo, tenía la certeza de que América no sólo no dependía
sino que ni siquiera tenía vínculo constitucional alguno con España. Su
histórico lazo de unión era solamente, desde el punto de vista político,
con la corona de Castilla, a la que estaba incorporada desde 1492 y, por
consiguiente, el de Indias era un reino que no se encontraba sometido a
ninguno de los otros reinos de la península española[xiii].
Castelli estimaba con toda lógica pues, que ante la ausencia del
monarca y la ocupación de
España por los franceses, sólo cabría reasumir la soberanía popular y
nombrar un gobierno representativo. El fiscal de la Audiencia, el
respetado jurista Manuel Genaro de Villota, dijo aceptar la tesis de
Castelli, pero sostuvo que la soberanía popular no podía ser ejercida
por una sola provincia o municipio, y antes de tomar decisiones se debía
consultar con las demás jurisdicciones del virreinato. A la postura de
Villota respondió Juan José Paso, el abogado patriota de mayor
prestigio, arguyendo que Buenos Aires era la "hermana mayor" de
las provincias, y que ante la urgencia debía asumir la gestión de sus
negocios, sin perjuicio de consultar con el resto a posteriori. La
Asamblea aclamó el discurso de Paso, que se convirtió en el héroe de la
jornada. Hubo consenso en la ilegitimidad de los títulos del virrey.
Muchos peninsulares, incluido el general Pascual Ruiz Huidobro y los
conservadores canónigos, votaron por la cesación del virrey y la elección
de un nuevo gobierno.
- Cornelio
Saavedra se expresó en los siguientes términos: “debe subrogarse el
mando superior que obtenía el excelentísimo señor virrey en el excelentísimo
Cabildo de esta capital, ínterin se forma la corporación, o junta que
debe ejercerlo; cuya formación debe ser en el modo y forma que se estime
por el excelentísimo Cabildo, y no quede duda de que el pueblo es el que
confiere la autoridad o mando”[xiv].
- En
la reunión el voto de Belgrano concordó con el de Saavedra, de quien
luego dirá Manuel:
- “No
puedo pasar en silencio las lisonjeras esperanzas que me había hecho
concebir el pulso con que se manejó nuestra revolución, en que es
preciso, hablando verdad, hacer justicia a don Cornelio Saavedra”[xv].
- Se
entiende pues, en esa línea de pensamiento, que Belgrano tuviera estima
del:
- “Congreso
celebrado en nuestro estado para discernir nuestra situación, y tomar un
partido en aquellas circunstancias, debe servir eternamente de modelo a
cuantos se celebren en todo el mundo. Allí presidió el orden; una porción
de hombres estaban preparados para a la señal de un pañuelo blanco,
atacar a los que quisieran violentarnos; otros muchos vinieron a ofrecérseme,
acaso de los más acérrimos contrarios, después, por intereses
particulares; pero nada fue preciso, porque todo caminó con la mayor
circunspección y decoro. ¡Ah, y qué buenos augurios!”[xvi].
- El
23 de mayo el Cabildo se reunió para terminar el escrutinio. La Asamblea
había resuelto claramente que “en
la imposibilidad de conciliar la tranquilidad pública con la
permanencia del Sr. Virrey en el mando y régimen establecido”
la autoridad recayera provisionalmente en el Cabildo, quien designaría
una Junta “en la manera que estime conveniente”[xvii].
Esta Junta ejercería el gobierno hasta que se reunieran los diputados de
todas las provincias para establecer una forma de gobierno más
permanente. Consecuente con estas facultades, el 24 de mayo el Cabildo[xviii]
designó una Junta de Gobierno provisional cuyo presidente era el ex
virrey Cisneros y los vocales el comandante Cornelio Saavedra, el doctor
Juan José Castelli[xix],
el presbítero Juan Nepomuceno Solá y el comerciante José Santos Incháurregui.
La Junta debía obrar para preservar la integridad de esta parte de los
dominios de América para Fernando VII y sus legítimos sucesores, y debía
observar escrupulosamente las leyes del reino[xx].
Esta solución pseudoconservadora que mantenía a Cisneros al frente del
gobierno trataba, entre otros fines, de evitar la oposición del interior
a las resoluciones de Buenos Aires. Los militares aprobaron la decisión
del Cabildo, los peninsulares se felicitaron de ver al virrey a cargo del
gobierno aunque bajo un título diferente, y el mismo día 24 se celebró
la jura del nuevo gobierno. Aunque en los círculos revolucionarios, que
detestaban a Cisneros desde su represión de la rebelión patriota en el
Alto Perú, cundió la protesta, que alcanzó fugazmente a los cuarteles.
- Por
temor a la inminencia de un levantamiento, el Cabildo consideró la
necesidad de separar al virrey. En un instante de ardor patriótico, en la
casa de Nicolás Rodríguez Peña, Belgrano juraba a fe de caballero,
ante la Patria y sus compañeros, que si no era derrocado el Virrey a las
tres del día siguiente, él lo derribaría. Hacia el anochecer, los
oficiales del cuerpo de Patricios entraron en permanente deliberación, y
no resultó sencillo aquietar los ánimos para postergar la decisión
hasta el venidero 25[xxi].
La misma Junta Provisional, alarmada por la situación, se dirigió al
Cabildo para solicitar su reemplazo.
- El
Cabildo se reunió a la mañana siguiente para considerar esta petición.
En un principio trató de rechazar la renuncia y sostener a la Junta
designada el día anterior. Por lo pronto, ya French y Beruti agitaban a
la gente, adelantándose en la proposición de los nombres de los
integrantes de una nueva junta: presidente y comandante de armas Cornelio
Saavedra; vocales Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de
Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu y Juan Larrea; y secretarios
Juan José Paso y Mariano Moreno. El Cabildo ante tanta presión aceptó
finalmente la renuncia de Cisneros y sus vocales, y proclamó como nueva
Junta de Gobierno la mencionada en el petitorio popular[xxii].
Si se piensa abiertamente se imitaba el procedimiento adoptado por las
Juntas erigidas
en las provincias españolas para defender la independencia nacional,
con la diferencia de que los patriotas porteños se rebelaban contra el
Supremo Consejo de Regencia. Se reconocía que el origen de la soberanía
residía en el pueblo, y la Junta gobernaría en nombre de Fernando VII,
reclamando obediencia de las Intendencias y autoridades del antiguo
virreinato, y exigiéndoles el juramento de lealtad
y la fidelidad debida al monarca castellano.
Por ende, “el que los americanos tomaran en sus propias manos su destino
nacional en forma provisoria por medio de una Junta de Gobierno […], y
simultáneamente, proclamaran su fidelidad a Fernando VII y sus
sucesores legítimos, era un hecho perfectamente coherente, tal como lo
había sido en la Península”[xxiii].
- Dice Francisco Eduardo Trusso que: “consecuencia
jurídica, lógica y natural, de la teoría del pacto celebrado con la
Corona es el juramento e invocación a Fernando, uniformemente reiterado
por todos los gobiernos que se instalan en América en carácter de
representantes y conservadores de la real soberanía […] Todas estas
invocaciones de fidelidad a Fernando, repetidas al unísono por los
gobiernos revolucionarios, echaban raíces en un terreno más hondo y
vital que el de los razonamientos jurídicos. Correspondían a una
constante social […] que desde los días iniciales de la Conquista y
hasta las vísperas revolucionarias empujó a los criollos a una porfiada
veneración al monarca”[xxiv].
- Ahora bien, en el plano de esa fundamental
disidencia jurídico-política, la argumentación de la Metrópoli, en voz
de las autoridades españolas, proclamaba la soberanía del rey como órgano
y representante de la nación española, por ende, si el monarca se
ausentaba, América y los americanos debían prestar sumisión al gobierno
que se diese aquella nación española, una sola en uno y otro hemisferio.
- Por
su parte la actitud revolucionaria de los americanos está justificada,
de acuerdo a lo entendido por Belgrano, por aquel remanido pero valido
argumento del pacto de unión con la Corona de Castilla, puesto que:
- “los
pueblos de la Península europea no tienen contrato, o derecho alguno
sobre los de América, ni hay una fundación o ley que indique lo
contrario. El monarca, pues, es el único con quien han contratado los
establecimientos de América, de él es de quien únicamente dependen, y
él solo los une a la España”[xxv].
- Ello
no era suficiente para contrarrestar la argumentación de la Regencia como
legítima representante de Fernando VII ejerciendo la autoridad del mismo
monarca. También en este caso se apelará a los principios jurídico-políticos
de unión de la monarquía castellana con América, cuya personalidad política
otorgábale plena autonomía continental frente a la Península española.
Belgrano sostenía que la:
- “celebrada
Ley Primera, título primero, libro tercero de Indias, que contra su
manifiesto contexto y testimonio uniforme de la historia han querido y
pretenden que sea un vínculo de dependencia de las Américas a la España
inalterable aún por el mismo soberano, es, cabalmente, el documento más
auténtico de la facultad de las Provincias del Río de la Plata para
reclamar su independencia de la España, y de la legitimidad con que puede a Vuestra Majestad concedérsela.
La citada ley es el contrato que por la primera vez celebró en Barcelona
a 14 de septiembre de 1519 el Emperador Carlos V a favor de los
conquistadores y pobladores de las Américas, no sólo jurándoles no
enajenarlos o separarlos de la Corona de Castilla, sino facultándoles
hiciese lo contrario: y esto precisamente en consideración a sus
dispendios y trabajos. Es indudable que esta ley sólo es obligatoria al
Monarca, y que ninguna relación tiene con la España”[xxvi].
- La tesis esbozada por Manuel Belgrano se ufanaba
por dejar en claro “que el reino de Indias estaba exclusivamente
incorporado a la corona de Castilla, integrando simplemente, con los demás
reinos de la península española, la monarquía de los Borbones, y en
consecuencia, resultaba legítimo sostener que los criollos eran, en
todo, iguales a los españoles peninsulares”[xxvii].
- Teniendo en cuenta la situación jurídico-política de
las provincias que integraron el Virreinato del Río de la Plata, y en
virtud de la recién citada concepción histórica tradicional era
aceptable el siguiente razonamiento: Quedando vacante el trono por la
abdicación o imposibilidad de su legítimo depositario nada obliga a los
reinos de América a prestar obediencia y sometimiento a las autoridades
de los gobiernos peninsulares elegidos durante la acefalía. Según
esgrime la Junta de Buenos Aires “Si el rey hubiese nombrado la regencia
no habría cuestión sujeta al reconocimiento de los pueblos; pero como la
de Cádiz no puede derivar sus poderes sino de los pueblos mismos, justo
es que éstos se convenzan de los títulos con que los han reasumido”.
Inclusive se extiende la argumentación en el hipotético caso de que
primara la tesis de la Regencia como legítima representante del rey en
España: ella no gozaría de autoridad sobre América porque si bien el
mismo virrey del Río de la Plata era representante del rey no estaba legítimamente
autorizado a gobernar en Lima.
- En definitiva, aquellas álgidas Jornadas de Mayo de 1810, están
dotadas, desde la perspectiva belgraniana de un propósito y
significado dual. Por un lado la manifestación
de lealtad al soberano y a la Corona de Castilla usurpada por el
hermano de Napoleón; y por otro lado, el deseo de independencia
respecto de la metrópoli española, juntamente con el desconocimiento
del Consejo de Regencia por su dudosa legitimidad más las intenciones de
sujetar al coloniaje a los reinos de América.
- A
pesar de que el mismo Belgrano se descalifica como jurista no hay que dar
demasiado crédito a sus palabras debido a su excesiva modestia, ya que
los hechos de la Revolución de Mayo nos muestran no sólo a un
revolucionario sino también a un especialista en leyes.
- Belgrano
seguía relatando los sucesos de Mayo y sus inmediatas derivaciones que lo
vieron partícipe, según su habitual proverbialidad:
- “Se vencieron al fin
todas las dificultades, que más presentaba el estado de mis paisanos que
otra cosa, y aunque no siguió la cosa por el rumbo que me había
propuesto, apareció una junta, de la que yo era vocal, sin saber cómo ni
por dónde, en que no tuve poco sentimiento. Era preciso corresponder a la
confianza del pueblo, y todo me contraje al desempeño de esta obligación,
asegurando, como aseguro, a la faz del universo, que todas mis ideas
cambiaron, y ni una sola concedía a un objeto particular, por más que me
interesase: el bien público estaba a todos instantes a mi vista”[xxviii].
- De este último aserto
figuran para testimoniarlo sus actividades periodísticas y sus informes y
memorias del Consulado; así como pronto también su accionar militar y
diplomático.
- Sus esperanzas seguían
firmes en el desenvolvimiento del proceso revolucionario pues confiaba,
como es su costumbre, en la Suprema Divinidad que todo lo guía:
- “Casi se hace increíble nuestro estado actual. Mas
si se recuerda el deplorable estado de nuestra educación, veo que todo es
una consecuencia precisa de ella, y sólo me consuela el convencimiento en
que estoy, de que siendo nuestra revolución obra de Dios, él es quien la
ha de llevar hasta su fin, manifestándonos que toda nuestra gratitud la
debemos convertir a S. D. M. y de ningún modo a hombre alguno. Seguía
pues, en la junta provisoria, y lleno de complacencia al ver y observar la
unión que había entre todos los que la componíamos, la constancia en el
desempeño de nuestras obligaciones, y el respeto y consideración que se
merecía del pueblo de Buenos Aires y de los extranjeros residentes allí:
todas las diferencias de opiniones se concluían amistosamente y quedaba
sepultada cualquiera discordia entre todos”[xxix]’.
- Sostiene Mariluz
Urquijo que puesto que a Belgrano
“le sobran
energía y lucidez no cree en diálogos imposibles ni admite pluralismos
que debiliten la Revolución [...]En ese inflamado clima revolucionario,
en el que muchos, sacudidos por oleadas de entusiasmo, pretenden acelerar
las transformaciones haciendo tabla rasa de la situación de la víspera
para edificarlo todo de nuevo, Belgrano
da siempre una lección de equilibrio y de reflexión pues si busca el
cambio también le importa, y mucho, el orden. Ya antes de Mayo teme que
Cisneros pueda llegar a plantificar entre nosotros "el desorden que
reina en la Península" y
toda su actuación posrevolucionaria está dirigida por el anhelo de
conseguir una estabilidad que permita gobernar y renovar el país”
[xxx].
- Consiguientemente, las alternativas políticas que se
viven a partir de Mayo de 1810, hacen que Belgrano actúe como militar,
para defender a la Patria Naciente. A pesar de ser abogado y de haberse desempeñado
de manera brillante como Secretario del Consulado y aunque no
poseía formación castrense, se esmeró tanto en el mando de las tropas
que mereció los elogios de San Martín, quien dijo “Es lo mejor que
tenemos en la América del Sur”[xxxi],
y Mitre expresa que estaba dispuesto a ser “el héroe o el mártir de la
Revolución, según se lo ordenase la ley inflexible del deber”[xxxii].
- Belgrano se desempeñó dignamente en la Expedición
al Paraguay, en donde obtuvo un triunfo diplomático al llevar el espíritu
revolucionario al Paraguay.
- Su legajo
militar se enriquecería
puesto que a comienzos de 1812, Belgrano se encontraba ocupado en la
erección de una fortaleza fluvial en Rosario, para responder a la reacción
de los realistas que atacaban desde la Banda Oriental. En esas
circunstancias, con motivo de inaugurarse las baterías de Rosario,
Libertad e Independencia, y careciendo de bandera para ello, dispuso la
confección de una con los colores de la escarapela. La ceremonia de
inauguración, al decir de los historiadores y poetas, alcanzó contornos
emotivos.
- En oficio al Triunvirato, Belgrano expresaba lo siguiente:
- “Las banderas de nuestros enemigos son las que hasta
ahora hemos usado; pero ya que V.E. ha determinado la escarapela nacional
con que nos distinguiremos de ellos y de todas las naciones, me atrevo a
decir a V.E. que también se distinguieran aquéllas, y que en estas baterías
no se viesen tremolar sino las que V.E. designe. ¡Abajo, Excelentísimo
Señor, esas señales exteriores que para nada nos han servido y con las
que parece que aún no hemos roto las cadenas de la esclavitud!”[xxxiii].
- Este
documento revela el espíritu independentista de Belgrano, que en un acto
verdaderamente revolucionario, creó nuestra enseña patria.
- El
segundo aniversario de la revolución, 25 de Mayo de 1812, encuentra a
Belgrano en San Salvador de Jujuy, quien, solemnemente lo celebra. ‘[xxxiv]En
el proceso de reorganización de los efectivos ve (como en Rosario) que es
una oportunidad para avivar el patriotismo de los soldados y levantar o más
bien recuperar el espíritu del pueblo, es preciso que el ejército posea
para combatir un símbolo de la nacionalidad: la bandera. Es confeccionada
en Jujuy, pues, la primera bandera del Ejército Auxiliador del Perú. La
bandera celeste y blanca nueva hace otra vez su aparición ante las tropas
del Ejército. Rodea a la ceremonia cívico-militar un marco tocante de
esplendor que logra conmover a los asistentes. Belgrano en horas de la
tarde, formando en cuadro el Ejército pequeño alrededor de la plaza y
con la gente de Jujuy de testigo, levanta la bandera en sus manos y emite,
a tropas y pueblo, una arenga inolvidable y emocionante:
- “Soldados,
hijos dignos de la Patria, camaradas míos: Dos años ha que por primera
vez resonó en estas regiones el eco de la libertad y él continúa propagándose
hasta por las cavernas más recónditas de los Andes; pues que no es obra
de los hombres, sino del Dios Omnipotente que permitió a los Americanos
que se nos presentase la ocasión de entrar al goce de nuestros derechos:
el 25 de Mayo será para siempre memorable en los anales de nuestra
historia y vosotros tendréis un motivo más para recordarlo, cuando véis
en él por primera vez, la bandera nacional en mis manos, que ya os
distingue de las demás naciones del globo, sin embargo de los esfuerzos
que han hecho los enemigos de la sagrada causa que defendemos, para
echarnos cadenas y hacer más pesada las que cargaba. Pero esta gloria
debemos sostenerla de un modo digno con la unión, la constancia y el
exacto cumplimiento de nuestras obligaciones hacia Dios, hacia nuestros
hermanos y hacia nosotros mismos; a fin de que la Patria se goce de
abrigar en su seno hijos tan beneméritos, y pueda presentarla a la
posteridad como modelos que haya de tener a la vista para conservarla
libre de enemigos, y en el lleno de su felicidad”[xxxv].25
- Un día después de la conmemoración del
segundo aniversario del 25 de Mayo, Belgrano fue designado general en Jefe
del Ejército Auxiliar del Perú, en propiedad’. Bajo ese cargo obtuvo
las dos grandes victorias de Tucumán y Salta, que le permitió decir a la
hora de su muerte que dejaba dos hijas inmortales: Tucumán y Salta. En
1813, pues, la Asamblea Constituyente, a raíz de la victoria de Salta,
dona a Belgrano la cantidad de 40.000 pesos. Este los destina a la fundación
de cuatro escuelas; en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero, y
elabora un Reglamento, que debía regir en las mismas. Belgrano presentó a consideración del
gobierno el Reglamento. Este documento, que refleja
el interés de Belgrano por la educación, aún en tiempos de guerra, está fechado el
25 de mayo de 1813: un nuevo aniversario de la Gesta de Mayo. Azarosa o
pensadamente, vaya a saberse, se coligaban sus ideas pioneras en instrucción
y educación pública con el espíritu emancipador de Mayo.
- Así como en el éxito,
también en la desventura que significó las acciones de Vilcapugio y
Ayohuma, Belgrano escribe una carta a San Martín, desde Humahuaca,
comentando:
-
“Paisano y amigo: No
siempre puede uno lo que quiere, ni con las mejores medidas se
alcanza lo
que se desea; he sido completamente batido en las pampas de
Ayohuma cuando
más creía conseguir la victoria. Pero hay constancia y fortaleza
para sobrellevar los contrastes y nada me arredrará para servir, aunque sea en
la
clase de soldado, por la libertad e independencia de la Patria”[xxxvi].
- Todavía le quedaba afrontar a
Belgrano una nueva destitución después de las citadas batallas y faltábale,
asimismo, una nueva reposición en el mando del Norte. Belgrano,pues,
pugnará en Tucumán por mantener el espíritu inicial de la epopeya de
Mayo, dando pelea a la enfermedad que ya minaba su salud y a la demagogia
que iba socavando la resistencia de los pueblos por él liberados.
- Es así que, en otra muestra más de su
obediencia y respeto por las instituciones, Belgrano será el primero que
haga jurar a su ejército del Perú fidelidad a la nueva Constitución de
1819, simbólicamente un 25 de Mayo[xxxvii].
- ‘[xxxviii]Consciente de que se acercaba el final de una vida sacrificada en pos
del bien general de la Patria, máxima suprema de un verdadero estadista,
procedió a redactar su testamento. Lo hacía el 25 de Mayo de 1820,
precisa y exactamente diez años después de la gesta revolucionaria a la
que había contribuido como el que más.
- En
definitiva, el 20 de junio de 1820, un trágico día, a las siete de la mañana,
cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata se hallaban sumidas en
la cuasianarquía y las “montoneras” asomaban a las puertas de la
ciudad convulsionada, el viejo maestro de virtudes, jurista, sociólogo y
soldado, bajaba a la tumba. No extraña que sus palabras finales fueran
- “¡Ay,
patria mía!”.
- El General de la Independencia al servicio del
Perú y de las Provincias Unidas, Juan Pardo de Zela, con sus palabras,
altamente elogiosas pero ajustadas a la verdad, sirven de excelente
corolario para ilustrar su carácter y labor: “él se hallaba animado de
un patriotismo a toda prueba y su celo era el origen; al paso que sabía
distinguir lo útil despreciaba lo inútil, esto último lo hizo tocar
sinsabores bien amargos, y acaso que hubiese desaparecido de la escena
prematuramente: recibe dignas cenizas, en este momento en que mi pluma te
recuerda, el justo tributo que mis ojos prodigan a tus virtudes; el espíritu
de facción, la negra envidia, te arrancó el sepulcro donde debías
descansar al lado de la tumba de Washington, pero vives en el corazón de
aquellos buenos ciudadanos que entrevieran en ti el héroe de la América
del Sur; les faltaste y la anarquía los devora; vivirás sí, porque aún
mi pluma vive para cantar tus glorias y tus virtudes; no eras Espartano,
pero querías imitarlos, no eras Phoción en Atenas, pero eras Belgrano en
Buenos Aires, cuyos hijos irán a la tumba a derramar flores y tomarte por
modelo, si ya no han empezado. ¿Pero cómo han de empezar cuando la
sangre de tus hijos humea diariamente en su plaza y en sus campos? Triste
cuadro; otra pluma que te pinte, que la mía sólo hace recuerdos de las
jornadas prósperas y adversas, que fijaron la emancipación Americana de
la nación Española”[xxxix]’.
-
- FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA.
-
- -Fuentes Documentales.
- Argentina
- Archivo General de la Nación:
- a.-Fondos documentales Sala
X. Sección Nacional.
-
- -Fuentes Éditas.
- Instituto Nacional Belgraniano.
- Documentos para la historia
del General Don Manuel Belgrano. Buenos
Aires. Tomos I,II, III, vol. 1 y 2, y IV.
- Anales.
- Reimpresiones y
publicaciones varias.
-
- -
Publicaciones del Instituto de Historia Argentina “Dr. Emilio
Ravignani:
- U.B.A. Facultad de Historia y Letras. Mayo Documental. 14 Tomos, Buenos Aires, 1960.
- U.B.A. Facultad de Historia y Letras. Documentos relativos para la Historia Argentina, Buenos Aires, 1912.
-
- -
Congreso de la Nación.
- Biblioteca de Mayo, colección
de obras y documentos para la Historia Argentina. Honorable Cámara de Diputados, Buenos Aires, 1966, 21 Tomos.
-
- -
Periódicos.
- Semanario de Agricultura,
Industria y Comercio.
- El Correo de Comercio.
- El Telégrafo Mercantil,
Rural, Político-Económico e Historiográfico del Río de la Plata.
-
-
BIBLIOGRAFÍA.
-
-
-
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Revolución de Mayo y las primeras misiones diplomáticas hasta 1813” en Historia de la Nación Argentina,
Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, El Ateneo, 1949, vol. V.
- Belgrano Mario; Belgrano, Buenos Aires, Instituto Nacional Belgraniano, 1994.
- Belgrano, Manuel; “Autobiografía”, en Memorias y
Autobiografías, Buenos Aires, Museo Histórico Nacional, 1910.
- Belgrano, Manuel; Autobiografía,
2ª edic., Buenos Aires, Emecé, 1945.
- Bidondo, Emilio A.; La guerra de la Independencia en el Norte Argentino, Buenos Aires, Eudeba, 1976.
- Bollo Cabríos, Palmira S.; “Un nuevo descubrimiento de América. Manuel
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Nacional Belgraniano, 1994.
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Historia, Historia de la Nación
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III.
- Caillet Bois, Ricardo R.; “Manuel Belgrano
y sus estudios económicos”, en Academia Nacional de la Historia,
Ricardo Levene (comp.), Historia de
la Nación Argentina, Buenos Aires, El Ateneo, 1945, tomo IV.
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político de Manuel Belgrano sobre la forma de gobierno más conveniente
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Congreso Nacional Belgraniano, Buenos
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la Nación Argentina, Buenos Aires, El Ateneo, 1941, vol. V.
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Ensayos, Buenos Aires, 1970, Nro. XLIII.
- Matheu,
Martín;
Don Domingo Matheu, Buenos Aires, s.ed., 1913.Memorial del General Don Juan Pardo de Zela, español al
servicio de Buenos Aires y del Perú; Archivo Nacional de Chile-Archivo Vicuña, volúmen
147. En dicho repositorio se encuentra el original de este documento que
fue publicado en el Boletín de la
Academia Nacional de la Historia, 1964, número XXXVI, y transcripto
en Luzuriaga, Aníbal Jorge; “España y América: dos mundos y un destino en común” en Anales, Buenos Aires, Instituto Belgraniano Central, 1997, número
7.
- Mitre, Bartolomé; Historia de
Belgrano y de la Independencia Argentina, Buenos Aires, W. M. Jackson
(Edición Especial), 1953, t. XI, Apéndice documental.
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Aires, s.ed., 1967.
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1952.
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- Pueyrredón, Carlos A.; La Revolución de Mayo según
amplia documentación de la época,
Buenos Aires, Peuser, 1953.
- “Saavedra Cornelio”. Número especial
dedicado al prócer, en Revista
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- Segretti,
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Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 1965-1966, años II-III, número
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- Tanzi, Héctor José; El Poder Político y la Independencia Argentina, Buenos Aires,
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- Trusso,
Francisco Eduardo; De la legitimidad revolucionaria a
la legitimidad constitucional, Colección Ensayos, Buenos Aires,
Eudeba, 1968.
- Trusso,
Francisco Eduardo; El Derecho de la
Revolución en la Emancipación americana, Buenos Aires, Emecé, 1964.
- Zorraquín Becú, R.; “Algo más sobre la
doctrina jurídica de Mayo” en Revista
del Instituto de Historia del Derecho, Buenos Aires, número 13, 1969.
[i]González, María Inés; Vida del Creador de la Bandera;
Buenos Aires, Instituto Nacional Belgraniano, 1999, pp. 41.
[ii]Para configurar la acción integradora
de Belgrano como gestor de la Revolución de Mayo se han extraídos
los párrafos del tercer capítulo de la obra Luzuriaga,
Aníbal Jorge; Manuel
Belgrano. Estadista y prócer de la Independencia hispanoamericana,
Buenos Aires, Universidad de Morón, 2004, pp. 267-281.
[iii]Los
temas desarrollados por Belgrano en el Correo de Comercio coinciden
con los expuestos en las Memorias Consulares, guardando una apariencia
conciliadora con las autoridades virreinales, para ocultar el
verdadero sentido revolucionario de sus artículos. Prueba de ello es
lo que elabora en vísperas de la Revolución de Mayo con el título;
“Çausas de la Destrucción o de la Conservación y
engrandecimiento de las Naciones”. Aquel breve ensayo, según
palabras de Belgrano; “…contentó a los de nuestro partido como a
Cisneros, y cada uno aplicaba el ascua a su sardina, pues todo se
atribuía a la unión y desunión de los pueblos”. Belgrano critica
duramente la desunión, que ocasiona grandes males “…basta la
desunión – dice en la primera plana del sábado 19 de mayo de 1810
– para originar las guerras civiles, para dar entrada al enemigo por
débil que sea, para arruinar el Imperio más floreciente”. Cfr. Correo
de Comercio, Sábado 19 de Mayo de 1810, número 12, tomo I, pp.
89-92.
[iv]Navarro
Floria, P.; Manuel
Belgrano y el Consulado de Buenos Aires, Cuna de la Revolución
(1790-1806), Instituto Nacional Belgraniano, Buenos Aires, 1999,
pp. 154 y 164.
[v]Mitre, Bartolomé; Historia de Belgrano y de la
Independencia Argentina, Buenos Aires, W. M. Jackson (Edición
Especial), 1953, t. XI, Apéndice documental, p. 26.
[vi]Ídem, pp. 26 a 27.
Véase
también Caillet Bois, Ricardo R.; “Manuel Belgrano y sus estudios económicos”, en Academia Nacional
de la Historia, Ricardo Levene (comp.), Historia
de la Nación Argentina, Buenos Aires, El Ateneo, 1945, tomo IV.
[vii]Fragmento de una memoria póstuma de
Cornelio Saavedra en los párrafos que se relacionan con los sucesos y
propósitos de la revolución del 25 de mayo de 1810 y circunstancias
que precedieron”; en Instituto
Nacional Belgraniano; Documentos
para la …, tomo III, volúmen 1, p. 122. En dicha obra se
consignan memorias y distintas fuentes documentales referidas a los
sucesos de Mayo de 1810, publicados en el año 1960 con motivo del
sesquicentenario.
[viii]Ver Fragmento de una memoria póstuma
de Cornelio Saavedra …; en Instituto
Nacional Belgraniano; Documentos
para la …, tomo III, volúmen 1, p. 123.
[ix]Ver Acuerdo del Cabildo. Buenos Aires, 21 de Mayo de 1810; en Instituto Nacional Belgraniano; Documentos
para la …, tomo III, volúmen 1, pp. 33 a 37.
[x]Ver “Proclama del Excelentísimo
Cabildo al Vecindario de Buenos Aires en su casa consistorial para la
apertura del Congreso General que se hizo el 22 del corriente. Buenos Aires, Mayo de 1810”; en Ídem, pp. 38 a 39.
Cfr. González Arzac, Roberto; El
Gigante de Mayo, Buenos Aires, Actualidad Gráfica, 2000, pp. 57 y
subsiguientes. El autor hace referencias a los grupos conspirativos
porteños. Destaca la presencia de Buenaventura Arzac, como supeditado
a French, quien fuera sindicado por Mitre como “agente popular” de
Manuel Belgrano, en tanto Beruti lo fue de Rodríguez Peña. French,
Beruti, Orma, Arzac y Dupuy, eran “caudillos urbanos”, que
conformaron la “Legión Infernal”; que la historiografía
mitrista, llamó “chisperos”. Groussac señaló que “en los
arrabales, chisperos y manolos, se organizaban bajo la dirección de
French y Beruti, prestigiosos “agitadores sociales”.
[xi]Ver Cabildo Abierto. Buenos Aires, 22 de Mayo de 1810; en Instituto Nacional Belgraniano; Documentos
para la …, tomo III, volúmen 1, pp. 40 a 65.
[xii]Ver González Arzac, Roberto; El
Gigante de …, pp. 57 y subsiguientes
[xiii]Las posesiones españolas no son
colonias, son reinos. Teoría del pacto
con la corona de Castilla. Las cortes y los diputados americanos. Cfr. González, V. Julio; Filiación
histórica del Gobierno Representativo Argentino. Libro
I. La Revolución de España; Buenos Aires, La Vanguardia, 1937. Véase
apéndice documental de esta obra: las circulares de las cortes españolas
a los pueblos americanos.
Cfr. antecedentes jurídicos sobre
“legitimidad” en Argentina. La idea del Pacto con la corona de
Castilla. “La soberanía del Pacto”. Aspectos del derecho histórico;
en Trusso, Francisco Eduardo; De la
legitimidad revolucionaria a la legitimidad constitucional, Colección
Ensayos, Buenos Aires, Eudeba, 1968.
Del mismo autor: El Derecho de la Revolución en la
Emancipación americana, Buenos
Aires, Emecé, 1964. Asimismo ver Tanzi,
H. J.; El Poder Político y la Independencia Argentina, Buenos Aires, Cervantes, 1975.
[xiv]Ver Cabildo Abierto. Buenos Aires, 22 de Mayo de 1810; en Instituto Nacional Belgraniano; Documentos
para la …, tomo III, volúmen 1, p. 51.
Cfr.
Marfany, H. Roberto; “Vísperas de Mayo”, en Revista Historia, Buenos Aires, 1960, pp. 87-156.
[xv]Mitre, Bartolomé; Historia de Belgrano y de la
Independencia Argentina, Buenos Aires, W. M. Jackson (Edición
Especial), t. XI, 1953, Apéndice documental, p. 27.
[xvii]Ver Acuerdo del Cabildo. Buenos Aires, 23 de Mayo de 1810; en Instituto Nacional Belgraniano; Documentos
para la …, tomo III, volúmen 1, pp. 66 a 69.
Cfr. Williams Álzaga, E. ; Dos
revoluciones: 1º de Enero 1809-25 de Mayo 1810, Buenos Aires,
Emecé, 1963. El Dr. Álzaga señala con precisión la conducta de
Belgrano en ambos movimientos y su liderazgo ideológico frente al
movimiento alzaguista.
[xviii]Marfany, H.
Roberto; El
Cabildo de Mayo, Buenos Aires, Macchi, 1982.
[xix]Ver Chávez, Julio César; Castelli.
El adalid de Mayo, Buenos Aires, s.ed., 1944.
[xx]Ver Acuerdo del Cabildo. Buenos Aires, 24 de Mayo de 1810; en Instituto Nacional Belgraniano; Documentos
para la …, tomo III, volúmen 1, pp. 70 a 76.
[xxi]Ver
Guido, Tomás; “La reseña histórica de los sucesos de Mayo” en El 25 de Mayo, Buenos Aires,
Eudeba, 1968. También Levillier,
Roberto; “La Revolución de Mayo juzgada por los Oídores de la
Real Audiencia” en Revista de
Derecho, Historia y Letras, Buenos Aires, 1912, tomo XLIII.
[xxii]Ver Petición del Pueblo elevada al
Cabildo. Buenos Aires, 25 de Mayo de 1810;
en Instituto Nacional
Belgraniano; Documentos para
la …, tomo III, volúmen 1, pp. 77 a 82. Asimismo es de suma
importancia los acuerdos del Cabildo reunido en Buenos Aires el 25 de
Mayo de 1810; en Ídem, pp. 83 a 94.
[xxiii]Echazú,
Lezica, Mariano De; “El
pensamiento político de Manuel Belgrano sobre la forma de gobierno más
conveniente para la nación”; en Segundo
Congreso Nacional Belgraniano,
Buenos Aires, Instituto Nacional Belgraniano, 1994, p. 150
Interesan los trabajos de Levene,
Ricardo; Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno;
contribución al estudio de los aspectos político, jurídico y económico
de la revolución de 1810, Buenos Aires, Peuser, 1960; y “El 25
de Mayo” en Historia de la
Nación Argentina, Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires,
El Ateneo, 1939, Vol. V.
[xxiv]Trusso, Francisco Eduardo; El Derecho de
la Revolución …, pp. 48 y 53. Del mismo autor El Pacto como bandera legal de la Emancipación americana, Buenos
Aires, s.ed., s.f.
[xxv]Archivo General de la Nación,
Buenos Aires, República Argentina, División Gobierno Nacional, Misión
de Don Bernardino Rivadavia y Don Manuel Belgrano a Europa en 1814,
1815, 1816, 1817, 1818, 1819 y 1820. Negociación con Carlos IV con
otros documentos importantes; Sala X, legajo 1-4-5, 4º subtítulo:
"Trabajo de la comisión en Europa". ‘1815. Documentos
relativos a la célebre negociación con Carlos IV para que mandase a
su hijo Don Francisco de Paula a establecer un reino independiente en
el Río de la Plata’, folio sin nº.
Memorial al Rey
por los Diputados Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia, por el que
exponen brevemente los hechos y circunstancias que impulsaron la
erección de un gobierno en la Capital de Buenos Aires, independiente
del de Cádiz; los principios según los que fue instituido; los límites
a que ha estado confinado; sus repetidos esfuerzos por la paz y
conciliación, y el actual estado de aquellos pueblos.
[xxvi]A. G. N.,
..., División Gobierno Nacional, Misión
de Don Bernardino Rivadavia …; Sala X, legajo 1-4-5, 4º subtítulo:
"Trabajo de la comisión en Europa". ‘1815 …
Memorial al Rey
por los Diputados Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia, ….
También Goñi Demarchi, Carlos A. y José Nicolás Scala; La diplomacia argentina y la Restauración de Fernando VII, Buenos
Aires, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Instituto del
Servicio Exterior de la Nación, 1968. Los autores hacen una crítica
interesante referida a las relaciones internacionales.
[xxvii]Echazú,
Lezica, Mariano De; “El
pensamiento político ... , p. 150.
Véase Matheu, Martín; Don Domingo
Matheu, Buenos Aires, s.ed., 1913. El Dr.Segreti reproduce el plan
de Domingo Matheu, “verdadero ideario republicano”, nacido al
calor de los acontecimientos en los días de mayo de 1810. Advierte el
autor que ni la ideología de la España austriaca, ni la borbónica,
ni siquiera las Juntas, ni de la España josefina, ni menos de la
Francia imperial, fueron sus fuentes. “Este credo terminará por
imponerse en las tierras del Plata”. Cfr. Segretti,
Carlos S. A.; “La Junta Grande (del 18 de Diciembre de 1810 al
12 de abril de 1811)” en Anuario
del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades de la
Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 1965-1966, años
II-III, número 2, pp. 615-710.
[xxviii]Mitre, Bartolomé; Historia de Belgrano y …, t.
XI, Apéndice documental, p. 27.
Véase interesantes reflexiones sobre los sucesos revolucionarios en Caillet Bois,
Ricardo R.; “La Revolución en el Virreinato
del Río de la Plata”, en Academia Nacional de la Historia, Historia de la Nación Argentina, Buenos Aires, El Ateneo, 1945, T.
VI, segunda sección, capítulo III.
[xxix]Mitre, Bartolomé; Historia de Belgrano y ... , t.
XI, 1953, Apéndice documental, pp. 27 a 28.
[xxx] Mariluz
Urquijo, José M.; “Belgrano Civil”, en Investigaciones
y Ensayos, Buenos Aires, 1970, Nro. XLIII, pp. 189.
[xxxi]Carta del
Coronel Mayor José de San Martín al Diputado Dr. Tomás Godoy Cruz,
fechada en Mendoza, 12 de Marzo de 1816, Museo Mitre; Documentos
del Archivo San Martín, Buenos Aires, Coni Hnos, 1913, tomo V, p. 533.
[xxxii]Mitre, Bartolomé; Historia de Belgrano y de la
Independencia Argentina, Buenos Aires, Estrada, 1971, t. I, p.
398.
[xxxiii]A.G. N.; Sala X 3-10-3, trascripto en Epistolario
Belgraniano, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1970.
Prólogo de Ricardo Caillet-Bois. Recopilación de María Teresa
Piragino, p. 125.
[xxxiv]Cfr. Luzuriaga, Aníbal
Jorge; Manuel Belgrano. Estadista y prócer de la Independencia
hispanoamericana, Buenos Aires, Universidad de Morón, 2004, pp.
340-342.
[xxxvi]Carta de
Belgrano a San Martín fechada: Humahuaca, 8 de Diciembre de 1813. Museo
Mitre; Documentos del Archivo San Martín, Buenos Aires, Coni Hnos, 1910,
t. II, pp. 25-26.
[xxxvii]Museo Mitre; Documentos del
Archivo de Belgrano, parte II, Libro de Órdenes del Día del Ejército
Auxiliador del Perú, Buenos Aires, Coni Hermanos, 1916 , tomo VI, pp.
523-524.
[xxxviii]Cfr. Luzuriaga, Aníbal
Jorge; Manuel Belgrano. Estadista y prócer de la Independencia
hispanoamericana, Buenos Aires, Universidad de Morón, 2004, pp.
423, 427 y 430.
[xxxix]Memorial del General Don Juan Pardo de Zela, español al servicio de
Buenos Aires y del Perú; Archivo Nacional de Chile-Archivo Vicuña, volúmen 147., trascripto en Luzuriaga,
Aníbal Jorge; “España y América: dos mundos y un destino en
común” en Anales, Buenos Aires, Instituto Belgraniano Central, 1997, número
7, pp. 126-127.
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